El día después

La derrota de los demócratas el día de ayer nos deja a México en una situación – por lo menos – de incertidumbre. A toro pasado, cualquier análisis de por qué se ha producido irá dándonos ideas que de cara al futuro nos ayudarán a entender las particularidades de la sociedad americana. Lo que no se puede negar es que para muchos de nosotros ha sido una sorpresa, y que Donald Trump ha ganado contra viento y marea. Algo digno de destacar y revisar en el mediano plazo. La capacidad de aguantar en una carrera de fondo con todo en contra, o al menos eso pensábamos, desde la imagen pública hasta las ideas planteadas, nos ha dejado sin palabras.

No es algo que conozca en profundidad, pero sí preocupa y bastante el que no haya podido haber un contrapeso adecuado ni un plan robusto que evitara poner más estrés a la economía mundial, cuando ya los Brexit y la situación financiera en general habían tomado ese protagonismo desde hace tiempo. Desde el punto de vista de la sociedad empiezan a sonar demasiadas alarmas sobre la necesidad de una renovación de ideas, y en particular, de liderazgo dentro de la clase política. Parece que no queda nada por inventar, cuando esto debería ser lo último que pensásemos.

Los mercados y el mundo del dinero han reaccionado a la baja y generado más volatilidad de la que ya estábamos viviendo. Malo. A la entelequia de los mercados lo que les gusta es la seguridad y claridad en las decisiones. Lo que nos encontramos en frente de nosotros es un horizonte donde no está claro lo que va a ocurrir, y que supondrá un freno económico a corto plazo. La inversión, por naturaleza, se va a restringir hasta que las fuerzas que están detrás entiendan qué nos depara la administración Trump.

Algo clave, fuera de cualquier sobrerreacción por las circunstancias, es reconocer que el peso mexicano se había depreciado desde 2013 al 2016 de manera significativa, yéndose de 13 a 19 en su intercambio con el dólar. Por lo tanto, como país, seguimos teniendo un montón de cosas que hacer más allá del efecto inmediato que están teniendo las elecciones de Estados Unidos sobre nosotros. Podemos culpar a la realidad de una parte de la depreciación, pero hay otros factores muy relevantes, léase gasto público, política monetaria, informalidad, flujo del crédito y control de la inflación en los que podemos trabajar. Incluso podríamos esperar que algún día también nos ayude el precio del petróleo. Aunque eso se ve cada vez más lejano.

A la entelequia de los mercados lo que les gusta es la seguridad y claridad en las decisiones. Lo que nos encontramos en frente de nosotros es un horizonte donde no está claro lo que va a ocurrir, y que supondrá un freno económico a corto plazo.

En resumen, esos 1 o 2 pesos más, o los que terminen siendo, que nos puede suponer el efecto de las decisiones de nuestros vecinos, puede que se vayan absorbiendo en el tiempo, pero a corto plazo los vamos a sufrir. Al igual que el impacto en fusiones y adquisiciones, o las acciones que tenga que tomar Banco de México o la Secretaría de Hacienda para proteger nuestra economía. Vienen tiempos complicados, pero desde el lado del positivismo nada que México no sepa a afrontar ni contra lo que no haya peleado en el pasado.