La inflación, ¿buena o mala?

Analizamos si la inflación es positiva o negativa para la economía de un país, y qué podemos esperar de los distintos grados de la misma.

Probablemente lo primero sea explicar qué es la inflación para los menos familiarizados con los indicadores económicos.

La inflación es un indicador que nos muestra, para un grupo específico de productos, cómo se ha incrementado o reducido el precio de los mismos en un período de tiempo determinado. Es decir, si después de un tiempo puedes seguir comprando lo mismo con los mismos 100 pesos.

Un grupo social habitualmente muy afectado por las subidas de precios son los jubilados. Si sus pensiones no se incrementan al mismo nivel que los precios, pierden poder de compra. Otro problema habitual es que a más inflación, menos ahorro, porque cuesta más dinero comprar.

Existen dos tipos de índices de precios: la inflación general y la subyacente. Se diferencian en los productos que las conforman, que en unos casos son más volátiles que otros.

Para calcular la inflación general se usa la canasta básica. Esta está formada por una serie de productos comunes que son los que más afectan a la sociedad, por ser los más habituales en todas las casas. Por ejemplo: alimentos sin elaborar, huevos, gasolina, electricidad…

La inflación subyacente tiende a ser más estable, y nos da una referencia de la evolución de la economía a mediano plazo. Se considera menos volátil que la general, porque tiene en cuenta los mismos productos que la general pero eliminando aquellos más inestables, como por ejemplo los precios de la energía.

¿Qué nos demuestra la inflación?

Ahora en México vemos que, si hay mucho dinero en la economía, unas tasas bajas y un ahorro bajo, los precios suben. ¿Por qué? Porque la oferta de dinero es mayor que la demanda de la sociedad, y no hay generación de riqueza.

Es decir: para controlar una subida excesiva de precios, se sube la tasa a la que se presta dinero. Esto reduce la capacidad de compra y, en consecuencia, lo que podemos consumir. Tras un tiempo, el crecimiento en el precio de los bienes se debe moderar porque, de lo contrario, nadie compra.

La hiperinflación, que es como se denomina a una inflación desbocada (en algunos países se considera que un 100% en un periodo de tres años deriva en esta definición) provoca situaciones como las vividas en Argentina o Venezuela recientemente. La moneda no vale nada. A nadie le sirve que se impriman muchos más billetes, porque no tienen valor alguno. Esto provoca que se disparen los precios.

Un claro ejemplo de esto fue Zimbabue, que llegó a tener billetes por valor de millones de unidades de su moneda.

Estas situaciones anómalas suelen darse por circunstancias muy particulares. El control de cambios y de precios puede ser una, como hemos podido ver en Venezuela. Si los precios no reflejan la realidad de los costos, no se incentiva la producción, y el sistema comienza a hacer aguas.

La sociedad es la que más sufre la hiperinflación. Genera un empobrecimiento directo, y hasta desabastecimiento, por los controles que se imponen para intentar controlarla.

Contestando a la pregunta…

Entonces, ¿es mejor que sea negativa?

No. De hecho, es mucho peor. Los consumidores se retraen mucho más de comprar, ya que esperan que los precios sigan bajando. Esto genera una espiral enormemente negativa para la economía. Sin consumo, el crecimiento se ve más perjudicado.

Japón es un ejemplo de ello. Su economía, que pasó años con caídas de precios, vivió casi dos décadas de crisis. 20 años terribles que provocaron que los salarios no crecieran, al reducir los beneficios de las empresas. Todo terminó con una caída de la confianza de la población en su economía y en el futuro de la misma.

Por tanto, ¿es buena o mala la inflación?

Parece claro que no hay nada más dañino para la economía que no mantener un incremento moderado de los precios. A todos nos gusta que nos suban el salario año tras año, pero seamos conscientes de que es esto también genera presión en los precios. Son por ello frecuentes las peleas entre sindicatos y empresarios a este respecto, buscando mantener controlada la inflación.

La dificultad radica en que para controlar uno en el largo plazo, desajustas otro. Un problema común para todos los indicadores económicos.

En definitiva, todo está tan relacionado que, muchas veces, no queda más remedio que elegir el mal menor.