¿Cuándo debe y, cuándo no, cotizar una empresa en Bolsa?

La Bolsa de Valores es una alternativa de financiamiento poco considerada en el país, a pesar de que en México tengamos dos. Esto se debe, probablemente, al marketing limitado que se hace de la misma, así como a otros temas macroeconómicos.

Pero también hay razones de peso que pueden beneficiar o perjudicar a una entidad por acudir a la Bolsa.

Existen historias de gran éxito, y sonoros fracasos.

Entonces, ¿cuándo debe, y cuándo no, cotizar una empresa en Bolsa?

Veamos una serie de razones que, teniendo en cuenta el mercado mexicano y su nivel de desarrollo, logran responder a esta pregunta.

1. A la hora de maximizar valor

La Bolsa es a menudo el mejor foro para lograr una valoración óptima de nuestro negocio. En pocas palabras, para rentabilizar lo máximo posible cualquier venta de capital.

Este es uno de los puntos más interesantes a favor.

Por ejemplo, los fondos de inversión la consideran como una opción relevante para su estrategia de salida, ya que puede ser en la que más dinero ganen. Y esto también le sucede a un accionista privado.

Llevar una entidad a Bolsa de Valores te garantiza tener acceso a la demanda del público y, por lo tanto, un posible mayor valor de capitalización o menor costo en deuda, según lo que busques. La demanda de compra de los valores es más variada, y una gran ventaja frente a los acuerdos privados, normalmente limitados a negociaciones uno a uno.

2. Para evitar una mayor regulación y supervisión

El hecho de estar, en parte, en manos del público, genera una mayor supervisión de los reguladores. Esto crea una necesidad de gobiernos corporativos, y puede restar flexibilidad a la toma de decisiones, ya que es necesario proteger la inversión de terceros.

Una de las principales barreras en México para entrar en Bolsa es la obligación de hacer pública tanta información, y estar constantemente bajo ese escrutinio abierto.

Estos requerimientos empujan más hacia la decisión de “no cotizar”. Tienen más que ver con la capacidad de producir información de calidad periódica y de funcionar como empresa pública que con la parte económica.

Estar en el foco constantemente involucra una mayor vigilancia. Errores en la información, no cumplir con los deadlines de envío de reportes o cualquier investigación iniciada por el regulador pueden afectar gravemente a la cotización de la entidad y al valor de la misma.

3. Cuando no tenga un tamaño adecuado

Hay empresas para las que, simplemente, la Bolsa no está pensada.

Por ejemplo, entidades que no generan un EBITDA mayor a 40 millones de dólares suelen tener complicado llegar a ser públicas. En el caso de una recesión o problema de negocio, su incapacidad de pago de deuda puede jugar en su contra, y afectar mucho a su crecimiento.

Es por esto que hay que ver la Bolsa como una opción más. En ocasiones, los costos implícitos pueden hacer mucho más eficiente acudir a la banca comercial.

4. Cuando necesite opciones o alternativas

Puede llegar también un momento en que determinados proyectos, por necesidades de capital o fondeo, ya no se pueden mantener dentro del círculo privado. O bien no hay inversores con esa capacidad de liquidez, o bien la banca comercial no puede tomar más riesgo con un cliente.

En estos casos, llega un punto en el que la Bolsa es la opción ideal. Es la única que puede financiar proyectos de un tamaño de inversión significativo.

5. Cuando busque generar impacto y publicidad

A lo largo de los años he visto como, muchas veces, el driver principal para entrar en Bolsa era la ambición positiva de los accionistas. Llegado al punto de crear un negocio de éxito, lo siguiente es hacerlo público y que todo el mundo lo conozca. Ponerlo en el candelero.

Vemos a menudo emisiones que simplemente se basan en la llegada al último paso que le queda al grupo: ser público.

6. Cuando sea un paso natural

En el ciclo natural de todas las empresas, se evoluciona de unos inicios donde el riesgo es mayor y las opciones de fondeo más limitadas, a un momento en el que se encuentran más institucionalizadas y hay una historia de éxito. Es entonces cuando el riesgo de la entidad baja considerablemente, llegando a volverse pública y captar fondos del mercado.

El reconocimiento al buen trabajo llega a través de tasas de fondeo competitivas y calificaciones de riesgo bajas.

La Bolsa, una opción para muchos, no para todos

En conclusión, existen muchos factores que definen cuándo sí y cuándo no entrar en Bolsa. A pesar de los muchos positivos, aún hoy en muchos países – México incluido – es una opción que no se valora lo suficiente ni se considera habitualmente.

Es importante que, a través de este análisis, podamos entender su utilidad. No es sólo la posibilidad de financiarse de forma más barata o multiplicar el valor de una empresa lo que puede llevar a hacerla pública. Existen otras necesidades, más cualitativas, que juegan a favor o en contra.

La experiencia nos ha enseñado que no son menos aquellos que no lo logran. Y no es ni por falta de ilusión, ni de trabajo, ni de capacidades. Simplemente existen mil situaciones que hacen que el momento de querer hacerlo y el de poder hacerlo no coincidan.